Cómo funciona internet
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Cómo funciona internet

¿Qué es el internet?  Es curioso que nos hagamos esta pregunta siendo este un sistema que usamos tan a menudo en nuestro día a día, pero lo cierto es que la gran mayoría de sus usuarios no están familiarizados con los mecanismos que hacen posible que estemos conectados a la red. En pocas palabras, internet es precisamente eso, una red de redes; un conglomerado de redes de comunicación de gran tamaño, todas ellas interconectadas, que permiten un flujo de información entre diferentes dispositivos y equipos.

Tuvo su origen hacia finales de la década de los 60, cuando varias universidades californianas establecieron la primera conexión entre ordenadores a través de los que se llamó ARPANET. El desarrollo del WWW (World Wide Web) en los 90 significó el impulso necesario para que el sistema despegará, y desde entonces su crecimiento ha sido exponencial. Hoy en día, más de un tercio de la población mundial usa internet, y eso que hace solo treinta años apenas un puñado de personas lo conocía.

Pero, ¿cómo funciona internet exactamente? ¿Cómo fluyen esos datos hasta llegar a las pantallas de nuestros móviles y de nuestros ordenadores? ¿De dónde surgen? ¿Dónde se almacenan? Lo primero que llama la atención cuando investigamos el funcionamiento de este sistema es su materialidad. Cuando hablamos de internet, muchas veces asociamos el concepto y sus mecanismos con un sistema etéreo, intangible, sin base física. Sin embargo, la realidad es otra. Se trata de un sistema que requiere una infraestructura física colosal para funcionar, tanto para almacenar datos como para transmitirlos y transportarlos.

Para que todo el proceso funcione, lo primero que necesitaremos es un ordenador, ya sea un portátil, un móvil o una computadora de sobremesa. Estos dispositivos están diseñados para procesar los bits (la colección de ceros y unos a través de la que se nos transmiten los datos necesarios para que podamos acceder al contenido web que buscamos) y convertirlos en los píxeles de nuestra pantalla. Cuando ejecutamos el navegador en nuestro sistema operativo, ese navegador se encarga de recolectar los paquetes de bits y de conectarse con otros ordenadores para obtener la información correspondiente.

Pongamos que quieres, por ejemplo, leer este artículo. Lo primero que harás será introducir el nombre de dominio en la barra de direcciones del navegador. Lo que pasará entonces es que se lanzará una solicitud al servidor DNS para obtener la dirección IP asociada al nombre de dominio del sitio web que buscas. La dirección IP es la cadena de números única por la que se identifica a un determinado dispositivo conectado a internet (ya sea un servidor, un móvil o un ordenador); cada dispositivo tiene una distinta, es como su matrícula. Por otro lado, el DNS es como una especie de agenda telefónica global que pone en relación las direcciones IP con sus correspondientes nombres de dominio. Para ir de un punto a otro es necesario saber, cuál es mi IP y cuál es la IP del servidor de destino.

De esta manera, cuando tu navegador recibe del servidor DNS la dirección IP vinculada al nombre de dominio que buscas, reenviará la solicitud al centro de datos, que es un gran edificio situado muchas veces a miles de kilómetros de donde estás y que contiene en sus servidores la información a la que quieres acceder. Cuando el servidor del centro de datos recibe tu solicitud de acceso a un determinado sitio web, se activa el flujo de datos. Estos se transmiten en forma de impulsos de luz a través de cables de fibra óptica y en formato digital. Estos cables siempre están bajo tierra y recorren distancias inimaginables a través de campos, montañas y valles hasta llegar a tu casa (o, en el caso de los datos móviles, a la torre de comunicación que utilice tu operador). Varias compañías como Verizon, Orange o Google, entre otras, se encargan de tender y mantener estos cables de fibra óptica. En muchos casos, aunque parezca increíble, cruzan bajo del lecho marino para llegar a su destino. Al llegar, el router convierte los impulsos luminosos en señales eléctricas (o en ondas electromagnéticas en el caso de los datos móviles), y de ahí, a través de un cable ethernet o de Wi-Fi, llegarán a tu dispositivo. Por último, a través de los llamados “Protocolos” (http, RCP, TCP, etc) se gestiona este complicado flujo de paquetes de datos, lo que asegura que la información adecuada llegue al usuario específico que la solicitó.

Una de las principales virtudes de internet es su eficiencia a la hora de transmitir datos en comparación con otras tecnologías de comunicación. Al ser una red global, se ha hecho necesario crear una entidad que se encargue de gestionar determinadas tareas, como el registro de los nombres de dominio o la asignación de direcciones IP. Hay una entidad responsable de cada una de las regiones geográficas y está división es precisamente la que permite la geolocalización de las IPs.

Como vemos, la forma de funcionar de internet es compleja y no está exenta de limitaciones: por ejemplo, las relativas a la capacidad física de sus servidores. Esto significa que a medida que aumente el número de usuarios, se deberán ir adaptando los mecanismos y los sistemas de transmisión y almacenamiento de datos si se quiere evitar que determinados sitios web se sobrecarguen y dejen de funcionar. De modo que es probable que los años venideros traigan novedades interesantes acerca de esta gigantesca red global y su funcionamiento. Habrá que estar atentos.

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