Podemos definir el pensamiento crítico como un proceso cognitivo que se propone analizar o evaluar las opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas, y un procedimiento práctico para llegar a una posición intelectual razonable y justificada sobre un tema. Busca ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, y aunque se asocia a la precisión, evidencia y análisis lógico, intenta entender las situaciones y los argumentos en su contexto. Las habilidades cognitivas del pensamiento crítico son la interpretación, el análisis, la evaluación, las inferencias, la explicación y la metacognición.
En educación, importantes pedagogos como John Dewey proclamaron hace años la importancia de construir fuertes habilidades de pensamiento y razonamiento en los alumnos, no solo para su propio beneficio, sino para el de toda la comunidad y la sociedad en su conjunto.
En la sociedad del conocimiento que vivimos, o a la que aspiramos, asistimos a un fuerte debate sobre las nuevas metodologías de enseñanza y aprendizaje, y las nuevas competencias que deberían desarrollar los jóvenes en su periodo formativo y a lo largo de toda la vida, tanto en la educación formal como en el aprendizaje informal que está favoreciendo las TIC. El pensamiento crítico es una de las competencias transversales que aparecen en todas las aportaciones sobre este tema.

Ya en la filosofía de la LOE, la ley educativa que en términos generales rige el sistema educativo español por el momento, existen numerosas menciones al sentido o espíritu crítico que deben desarrollar los alumnos en el sistema educativo. En el preámbulo de la ley se afirma que “la educación es el medio más adecuado para garantizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, responsable, libre y crítica, que resulta indispensable para la constitución de sociedades avanzadas, dinámicas y justas”. Y entre los fines del sistema educativo está “la preparación para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento”.
En cuanto a los objetivos de las sucesivas etapas formativas, en educación primaria se habla de “desarrollar hábitos de trabajo individual y de equipo, de esfuerzo y responsabilidad en el estudio, así como actitudes de confianza en sí mismo, sentido crítico, iniciativa personal, curiosidad, interés y creatividad en el aprendizaje”. Para secundaria, son objetivos el desarrollar “destrezas básicas en la utilización de las fuentes de información para, con sentido crítico, adquirir nuevos conocimientos”, además del “espíritu emprendedor y la confianza en sí mismo, la participación, el sentido crítico, la iniciativa personal y la capacidad para aprender a aprender, planificar, tomar decisiones y asumir responsabilidades”. También los alumnos de bachillerato tienen como meta “consolidar una madurez personal y social que les permita actuar de forma responsable y autónoma y desarrollar su espíritu crítico".
El Partnership for 21st century skills es una potente organización estadounidense cuyo marco de aprendizaje para el siglo XXI, describe las habilidades, conocimientos y experiencias que deben desarrollar los alumnos para un buen desarrollo de su vida y laboral. Una de las áreas son las habilidades de aprendizaje e innovación, aquellas que preparan a los estudiantes para la vida social y profesional de la sociedad actual. Estas son:
- Creatividad e innovación
- Pensamiento crítico y resolución de problemas
- Comunicación y colaboración.
Esta institución explica la competencia de pensamiento crítico y resolución de problemas de la siguiente manera:
- Razonar con eficacia: Utilizar varios tipos de razonamiento en función de cada situación.
- Utilizar el pensamiento sistémico: analizar qué partes de un todo interactúan entre sí para producir resultados en sistemas complejos.
- Realizar juicios y decisiones: analizar y evaluar las pruebas y los argumentos, las creencias y los puntos de vista. Sintetizar y conectar información con argumentos, interpretar la información y sacar conclusiones, reflexionar críticamente en el aprendizaje.
- Resolver problemas: resolver problemas desconocidos de manera convencional e innovadora, identificar diferentes maneras de llegar a las mejores soluciones.
Otra organización que trabaja en este ámbito, la ATC21S (Enseñanza & evaluación de las habilidades de siglo XXI) , organiza en cuatro grupos las competencias que deben alcanzar los estudiantes de la sociedad del conocimiento:
- Formas de pensar: creatividad, pensamiento crítico, resolución de problemas, toma de decisiones y aprendizaje.
- Formas de trabajar: comunicación y colaboración
- Herramientas de trabajo: TIC y alfabetización digital
- Habilidades sociales: ciudadanía, competencias profesionales y responsabilidad social.
También, el documento Habilidades y competencias del siglo XXI para los aprendices del nuevo milenio en los países de la OCDE muestra las conclusiones de un estudio de la OCDE en los países miembros, y clasifica las competencias para el siglo XXI en tres dimensiones: información, comunicación e impacto ético-social, todas ellas basadas en el impacto social de las TIC. Una de las conclusiones es que el uso de determinadas aplicaciones TIC favorece particularmente el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad.
En definitiva, el pensamiento crítico surge como un conjunto de habilidades de máxima vigencia en el nuevo escenario educativo, que los docentes pueden trabajar de manera creativa con los alumnos, tanto en las materias concretas como de modo transversal.
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